Quiero hablar de esos perdedores que elevamos a los pódiums: los mediocres. Plantearemos varias cuestiones, creo que interesantes, a partir de una conocida paradoja sobre un duelo a tres, popularmente conocido como truelo. He aquí el problema: 
Supongamos un duelo a pistola entre tres contendientes: A, B y C. Los tres son viejos conocidos, por lo que todos saben las probabilidades de acierto de cada uno. El peor tirador, A, sólo acierta un 50% de las veces; el tirador B, un 80%, mientras que C acierta siempre. Situado cada uno en el vértice de un triángulo, el azar decidirá el orden de disparo. Los contendientes que sobrevivan seguirán disparando, según el orden establecido, hasta que sólo quede uno de ellos, que será el triunfador.
Las normas permiten, no obstante, que quien tenga que disparar lo haga no sólo contra alguno de sus dos contrincantes, sino también al aire. Suponiendo que los tres quieran sobrevivir y que actuarán maximizando sus probabilidades de supervivencia de acuerdo con las normas establecidas, ¿quién tiene más probabilidades de ganar el duelo?.
La respuesta a este problema es A, el peor de los tres tiradores, siempre que escoja disparar al aire mientras aún vivan sus otros dos adversarios. Así, el turno de cada uno de los más certeros forajidos lo deben emplear en liquidarse mutuamente para tener la mayor probabilidad de supervivencia. Cuando uno de los dos lo consiga, será el turno del tirador A, quien tendrá un 50% de probabilidades de ser el vencedor del duelo. Las probabilidades de ganar el duelo de B y de C son de, aproximadamente, el 20% y el 30%, respectivamente.
Queda matemáticamente demostrado que, ante determinadas circunstancias, el individuo con más probabilidades de ganar un enfrentamiento múltiple es, paradójicamente, el rival más débil. Aunque resulta relativamente fácil pensar en una situación de similares consecuencias en competiciones de índole lúdica o deportiva, no lo es tanto en sistemas más complejos donde las normas del enfrentamiento no están tan claramente definidas o, mejor dicho, no resultan obvias a simple vista, como ocurre con la solución del truelo.
Podemos apreciar casos de mediocridad en la política y en las empresas. En nuestro actual sistema político, delegamos el poder de la toma de decisiones en uno de los dos grupos políticos que cuenta con el respaldo de grandes multinacionales, quienes costean los gastos millonarios de sus campañas electorales a cambio de favores tras su victoria. Las decisiones son tomadas en función del número de votos que arrastran independientemente de su conveniencia. Se da excesiva importancia a temas electoralistas en detrimento de otras cuestiones que, si hubieran gozado de la misma atención mediática, habrían conducido a soluciones objetivamente más provechosas para el país.
La envidia es una declaración de inferioridad – Napoleón Bonaparte
En empresas, hay casos en los que un empleado que demuestra buenas cualidades es objeto de acoso por parte de sus compañeros e inmediato superior por una cuestión de competitividad y de supervivencia en sus respectivos puestos. En muchas ocasiones, el empleado útil renuncia, permaneciendo en la empresa los mediocres.
La muerte abre la puerta de la fama y cierra tras de sí la de la envidia – Laurence Sterne
La mediocridad en el reconocimiento del mérito mediante premios y galardones parece tener también mucho que ver con la envidia y la competitividad, habiendo muchos casos de reconocimiento póstumo. Resulta impactante que ese sentimiento tenga tanta repercusión en la vida de envidiosos y envidiados, influyendo sobre la continuidad de personas en su puesto de trabajo o el reconocimiento de sus méritos.
Ser original es, en cierto modo, estar poniendo de manifiesto la mediocridad de los demás
- Ernesto Sábato
La mediocridad en otros aspectos de la sociedad está a la orden del día. Ante lo que parece ser una visión catastrofista de cuanto nos rodea o una mera crítica destructiva, quiero exponer algunas ideas conciliadoras y constructivas.
Pienso que para de combatir la mediocridad habría que encontrar un sistema para que la toma de decisiones estuviera basada en una lógica objetiva y en la obtención de buenos resultados en cada área de interés, modificándose constantemente para mejorar cada día. Auguro que el avance tecnológico de las computadoras junto con el del campo de la Inteligencia Artificial, permitirá crear una herramienta analítica de la toma de decisiones humanas que tendrá gran peso sobre las mismas.
Idealmente, dentro de esa lógica, desaparecerían los partidos políticos como tales, y cualquier ciudadano podría votar a través de internet (o abstenerse) sobre cada cuestión que afecte al país. Los datos de lo votado por todos los ciudadanos sería almacenado en una base de datos, asociando a cada ciudadano un identificador único que mantendría en secreto para asegurar su anonimato. Un complejo algoritmo analizaría y ponderaría el peso de cada voto en función del grado de beneficio o perjuicio que se atribuyera a votos anteriores de ese mismo votante y en ese mismo campo de conocimiento; es decir, que un programa inteligente sería capaz de detectar quién sabe qué es beneficioso para el país en determinado tema, de modo que el peso del voto en una cuestión económica tendería a ser mayor cuanto mayor fuera el conocimiento de economía del votante, que estaría segregado de todos los demás temas objeto de votación. Como la economía es un campo muy amplio, posiblemente ponderaría el voto en función de algo más concreto, como por ejemplo, sobre la pertinencia de comprar deuda de un país extranjero.
Aunque todo esto puede sonar a despotismo ilustrado, en el fondo es un sistema de toma de decisiones más libre que el de delegarlas en un pequeño grupo de mediocres. Yo querría que el voto de Einstein tuviera infinitamente más valor que el mío a la hora de decidir en qué proyectos de Investigación y Desarrollo invertir, encontrémoslo.
Al respecto de los algoritmos que podrían determinar quién es experto en qué temas, ya existe algo parecido. Hay una página web que está destinada a tratar de adivinar el futuro; no, no se trata de algo esotérico, sino meramente estadístico. Los usuarios plantean preguntas sobre algo que se resuelva en un futuro inmediato, los usuarios que quieran pueden prognosticar un resultado en función de su conocimiento. Cuando se sabe el resultado a la pregunta, se ve quién acierta en qué temas y quién no, y con qué porcentaje de acierto, lo que puede servir para encontrar expertos.
Para concluir, unas reflexiones estratégicas sobre la paradoja del duelo a tres:
Si entras en conflicto con un contendiente superior a ti, en lugar de enfrentarte a él, busca a un tercero que pueda resultar más amenazador para tener más probabilidades de éxito. Busca también otra clase de apoyos que aumente tus posibilidades.
No tienes por qué ser el más débil para obtener ventaja en una situación de duelo a tres; basta con aparentarlo.
Que te crean fuerte cuando eres débil, que te crean débil cuando eres fuerte;
el engaño es la clave para una victoria fácil – Sun Tzu, “El arte de la guerra”