Lógica absurda

6 mayo 2008

Cómo fregar los cacharros

Filed under: General — evandrus @ 3:16 am
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asdfBienvenidos al apasionante mundo de la friega de cacharros. Sé a buen seguro que no es vuestra tarea favorita, pero precisamente por eso conviene mejorar la técnica para ahorrar trabajo innecesario. A continuación expondré una serie de pautas que espero os resulten de utilidad para esta actividad cotidiana.

Utensilios

Es muy importante disponer de unas herramientas de trabajo apropiadas.

  • Scotch-Brite. (fibra verde con y sin esponja) Es mejor cuando ocupa la mano entera, y aún mejor si tiene hendidura ergonómica para proteger las uñas (es muy doloroso trabar la uña bajo la base de cierta clase de asas).
  • Nanas. (esparto / aluminio) Usar en casos extremos (sequedad, suciedad incrustada) cuando ya se ha quitado la mayor parte de los restos, para evitar la anulación del rozamiento por acumulación de suciedad en los intersticios de la herramienta.
  • Jabón. Echaremos el jabón sobre la fibra verde y no sobre la esponja del Scotch-Brite. Usaremos los dedos para extenderlo sobre la fibra verde hasta que lo haya absorbido por completo. Mojar tímidamente la parte de la esponja con un chorrito simbólico que nos permita aplicar agua sobre el punto de fregado al presionar enérgicamente. Evitar fregar con una esponja totalmente empapada de agua, pues a la menor presión se va el agua y el jabón, cuando no cae directamente por acción de la gravedad. También conviene tener un bote pequeño de plástico para irlo rellenando de jabón; de ese modo es mucho más manejable con una sola mano que el envase original.
  • Bayeta. Doblaremos una bayeta dos veces a lo largo y la posaremos entre el fregadero y nosotros, para evitar que se desparrame agua.
  • Escurreplatos. Los buenos son los de metal, no de esos plegables de plástico que son una porquería, ya que van cediendo con el peso hasta quedar inservibles.
  • Escurrecubiertos.
  • Rejilla y tapón del fregadero.
  • Espátula de metal y otra de madera para el rascado de superficies planas y convexas.
  • Cepillo de púa semirígida para superficies muy accidentadas, con surcos de difícil acceso.
  • Guantes de goma, sólo para casos excepcionales como tratar con productos especialmente dañinos para la piel.

Quitar “lo gordo”

Algo que nos facilitará enormemente la tarea será echar a la basura la mayor parte de los restos de comida. Para ello suele bastar con algunas pasadas del cubierto arrastrando sobre el plato inclinado en dirección del cubo de la basura. Lo explico con todo detalle porque hay gente que, al parecer, lo desconoce, y es una parte crucial para evitar que unos cacharros manchen otros, multiplicando el esfuerzo de fregar innecesariamente, así como para mantener el desagüe libre, sin obstrucciones o atascos, algo fundamental para la fase del aclarado.

En el caso de ollas y cazuelas, ninguna herramienta es comparable a la propia mano para rebañar los restos de comida y echarlos a la basura. Seguidamente, nos aclararemos las manos y listo; como nos queda por delante una sesión de fregoteo, quedarán limpias y con las uñas bien blancas.

Puede darse el caso de que nos toque fregar algo que no hayamos preparado nosotros y que contenga, por tanto, abundantes restos de comida mezclados con agua, especialmente en ollas grandes. En ese caso, recomiendo llenar la olla de agua y remover en círculos con la mano por las paredes interiores para hacer desprender la mayor cantidad posible de restos. Acto seguido, sin dar tiempo a que los restos se decanten en el fondo, verteremos todo el agua rápidamente sobre un escurridor (el mismo que usamos para los spaguetti) dentro del fregadero, posaremos la olla en el mármol y nos desharemos de los restos. Obviamente, deberemos fregar también el escurridor, pero, paradójicamente, nos ahorrará trabajo.

El orden

Si nos vamos a encontrar ante una cacharrada de cierta entidad, es conveniente mantener un orden en el fregadero, ya que las torres del tipo vaso-plato-vaso-plato-olla no constituyen la estructura más estable conocida y suele llevar a desbordamientos de agua, rotura de vasos, platos y de algún que otro cráneo.

Idealmente, los cacharros de grandes dimensiones y los vasos y tazas esperarán fuera del fregadero. Los primeros, por ocupar demasiado espacio y por ser generalmente una fuente de suciedad que mancharía rápidamente otros cacharros, yacerán sobre el mármol llenos de agua hasta la altura a la que llegue la suciedad, dejando un margen para evitar desbordamientos al moverlo.

Los vasos y las tazas suelen romperse con facilidad cuando son manipulados en un hueco repleto de otros objetos con los que tropezar, por lo que, junto con el problema de estabilidad que acarrean al ser más altos que anchos, es conveniente no introducirlos en el fregadero.

Así, el fregadero que me gusta a la hora de empezar la tarea contiene sólo platos llanos en la base, platos hondos encima de éstos y los cubiertos hacinados a un lado. Si ha pasado tiempo desde la hora de la comida, conviene que los cacharros estén, entretanto, sumergidos en agua, ya que cuesta más quitar la suciedad cuando está seca.

El brío

Las ganas, el empeño, la dedicación, el interés, el brío… es esencial para obtener buenos resultados de limpieza. Para fregar con desgana y desdén, déjalo para otro momento o ponte las pilas. Ponte algo de música si eso te ayuda a que sea más llevadero.

La importancia del tacto

El sentido del tacto es tanto o más importante que el de la vista para conseguir la perfecta limpieza de los cacharros. Por eso recomiendo no usar guantes de goma como norma general, ya que los guantes son al tacto lo que un velo a la vista. El tacto será el sentido al que recurriremos cuando a simple vista el cacharro parezca limpio, por lo que será la prueba que sirva para confirmarlo. Comprobaremos la superficie del cacharro palpando con la palma de la mano, muy en especial con la yema de los dedos; la mierda se lee mejor que el braille. La suciedad se detecta al percibir una discontinuidad en la forma en que se siente la superficie, siendo generalmente algún resto de comida pegado, reseco, endurecido y generalmente aislado, ya que ha pasado la criba de una primera fregada. Una vez detectada la resequedad adherida, concentraremos el uso del Scotch-Brite en ese punto con movimientos cortos y repetitivos de vaivén y ejerciendo mucha presión hasta eliminarlo.

Postura del cuerpo

La postura más cómoda es la de estar de pie completamente erguido. Si no se pueden meter los pies bajo el mueble del fregadero, eso nos obligará a encorvarnos o a poner los pies a las nueve y cuarto si no queremos mojar el suelo. Por ese motivo es preferible que el fregadero no tenga rodapiés y permita una posición natural y cómoda. Del mismo modo, conviene que el espacio entre el fregadero y nosotros sea estrecho, para tenerlo todo cerca.

La posición de los dedos más efectiva para fregar es similar a la de la manopla; todos los dedos juntos excepto el pulgar, independientemente de su grado de flexión.

Olla express

Para limpiar la hendidura exterior de las ollas express, ayuda mucho tener brazos y manos como manejando el volante de un coche; hincaremos las puntas de los dedos de la mano fregadora, con el pulgar por el interior de la olla, y utilizaremos la otra mano para girar el cacharro mientras ejercemos presión, como si estuviéramos girando un volante por tramos.

Si se es diestro, por ejemplo, la mano derecha será la que limpie, ejerciendo la fuerza sólo hacia la derecha, mientras la otra mano gira la olla hacia la izquierda; tras ese movimiento, será la mano derecha la que sostenga y haga girar la olla hacia la izquierda mientras la mano izquierda simplemente se dirige al punto inicial para volver a girar la izquierda, permitiendo así fregar en varias vueltas consecutivas hacia la izquierda.

Sartén

Las sartenes no deben fregarse con la fibra verde ni con otros utensilios que puedan rallarlas, ya que tienen una superficie antiadherente que se pierde al ser rallado, haciendo que se queden pegados más restos de los deseables, dificultando así posteriores fregados. En caso de que tengan restos fuertemente adheridos, lo más adecuado es usar una espátula de madera de esas que suelen venir en los juegos de cubiertos de madera y, finalmente, fregaremos la sartén con una esponja enjabonada y agua bien caliente.

Aclarado, escurrimiento y secado

Es recomendable fregar cada tipo de cacharro (platos hondos, platos llanos, cubiertos, vasos, tazas, ollas y cazuelas) y luego aclararlo. Así, lo ideal sería empezar fregando todos los platos hondos y después aclararlos con abundante agua, sin mojar la esponja para que no pierda jabón. Seguir un orden ayudará a disponer mejor los cacharros en el escurreplatos.

Un buen escurrimiento suele llevar al secado total de la vajilla, exceptuando los cacharros que conservan alguna concavidad en su forma en su posición estable de escurrimiento. Si se pretende ordenar la vajilla en armarios sin escurreplatos, es conveniente secarla previamente con un paño seco de tela gruesa, empleando un segundo paño si el primero ya hubiera absorbido mucho agua.

Consejos

  • machacador de ajos Abstenerse de usar ralladores y machacadores de ajo con agujeritos, pues da más trabajo limpiarlos del que se ahorra con el corte a cuchillo, a menos que se trate de grandes cantidades. Para limpiar un machacador de ajos, por ejemplo, hay que hacerse con una cerilla de palo e ir quitando el ajo que queda en cada uno de los agujeros, uno a uno…
  • Es un error echar agua al bote de jabón. Al diluir la mezcla pierde eficacia y se termina gastando mucho más, pues al ser más líquido, tiende a escurrirse de la esponja y perderse con mucha mayor facilidad y genera menos espuma.
  • Cuando hagas una paella, convence a los comensales de que lo más rico de todo es “el socarrat” (el arroz quemadito que se queda pegado a la paellera) para no tener que rascar tanto fregando. Si puedes convencerles de lo mismo con las lentejas, quizá debas plantearte participar en concursos de debate o meterte en política.
  • Comprar vajilla y cacharros de formas simples, sin hendiduras, surcos, relieves o bajorrelieves.
  • Cocinar bien y poner un pan rico y tierno ayuda mucho a que los platos lleguen bien limpios al fregadero. Ojo, que la expresión “¡lo he dejado limpio, ya no necesita ni fregarlo!” no ha de interpretarse literalmente y debe ser fregado normalmente.
  • No dejes que se te vayan apilando cacharros sin fregar durante días; así sólo conseguirás que te dé cada vez más pereza hacerlo y, además, eliminar los restos resecos es mucho más difícil y costoso.
  • Si vivís más de una persona en la misma casa, turnaos el fregoteo, y si el que no friega es tu marido, quizá puedas convencerle de las bondades de ayudar en las tareas domésticas.

Conclusión

Aunque esta entrada parezca una sarta perogrulladas similares al hilarante número cómico de Tip y Coll sobre cómo llenar un vaso de agua, la experiencia me ha demostrado que el sentido común es el menos común de todos los sentidos.

¡Au revoire, que dijo Voltaire!

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23 abril 2008

Contra la mediocridad, meritocracia

Quiero hablar de esos perdedores que elevamos a los pódiums: los mediocres. Plantearemos varias cuestiones, creo que interesantes, a partir de una conocida paradoja sobre un duelo a tres, popularmente conocido como truelo. He aquí el problema:

Supongamos un duelo a pistola entre tres contendientes: A, B y C. Los tres son viejos conocidos, por lo que todos saben las probabilidades de acierto de cada uno. El peor tirador, A, sólo acierta un 50% de las veces; el tirador B, un 80%, mientras que C acierta siempre. Situado cada uno en el vértice de un triángulo, el azar decidirá el orden de disparo. Los contendientes que sobrevivan seguirán disparando, según el orden establecido, hasta que sólo quede uno de ellos, que será el triunfador.

Las normas permiten, no obstante, que quien tenga que disparar lo haga no sólo contra alguno de sus dos contrincantes, sino también al aire. Suponiendo que los tres quieran sobrevivir y que actuarán maximizando sus probabilidades de supervivencia de acuerdo con las normas establecidas, ¿quién tiene más probabilidades de ganar el duelo?.

La respuesta a este problema es A, el peor de los tres tiradores, siempre que escoja disparar al aire mientras aún vivan sus otros dos adversarios. Así, el turno de cada uno de los más certeros forajidos lo deben emplear en liquidarse mutuamente para tener la mayor probabilidad de supervivencia. Cuando uno de los dos lo consiga, será el turno del tirador A, quien tendrá un 50% de probabilidades de ser el vencedor del duelo. Las probabilidades de ganar el duelo de B y de C son de, aproximadamente, el 20% y el 30%, respectivamente.

Mortadelo y Filemón en pódiumQueda matemáticamente demostrado que, ante determinadas circunstancias, el individuo con más probabilidades de ganar un enfrentamiento múltiple es, paradójicamente, el rival más débil. Aunque resulta relativamente fácil pensar en una situación de similares consecuencias en competiciones de índole lúdica o deportiva, no lo es tanto en sistemas más complejos donde las normas del enfrentamiento no están tan claramente definidas o, mejor dicho, no resultan obvias a simple vista, como ocurre con la solución del truelo.

Podemos apreciar casos de mediocridad en la política y en las empresas. En nuestro actual sistema político, delegamos el poder de la toma de decisiones en uno de los dos grupos políticos que cuenta con el respaldo de grandes multinacionales, quienes costean los gastos millonarios de sus campañas electorales a cambio de favores tras su victoria. Las decisiones son tomadas en función del número de votos que arrastran independientemente de su conveniencia. Se da excesiva importancia a temas electoralistas en detrimento de otras cuestiones que, si hubieran gozado de la misma atención mediática, habrían conducido a soluciones objetivamente más provechosas para el país.

La envidia es una declaración de inferioridad – Napoleón Bonaparte

En empresas, hay casos en los que un empleado que demuestra buenas cualidades es objeto de acoso por parte de sus compañeros e inmediato superior por una cuestión de competitividad y de supervivencia en sus respectivos puestos. En muchas ocasiones, el empleado útil renuncia, permaneciendo en la empresa los mediocres.

La muerte abre la puerta de la fama y cierra tras de sí la de la envidia – Laurence Sterne

La mediocridad en el reconocimiento del mérito mediante premios y galardones parece tener también mucho que ver con la envidia y la competitividad, habiendo muchos casos de reconocimiento póstumo. Resulta impactante que ese sentimiento tenga tanta repercusión en la vida de envidiosos y envidiados, influyendo sobre la continuidad de personas en su puesto de trabajo o el reconocimiento de sus méritos.

Ser original es, en cierto modo, estar poniendo de manifiesto la mediocridad de los demás
– Ernesto Sábato

La mediocridad en otros aspectos de la sociedad está a la orden del día. Ante lo que parece ser una visión catastrofista de cuanto nos rodea o una mera crítica destructiva, quiero exponer algunas ideas conciliadoras y constructivas.

Mujer y robotPienso que para de combatir la mediocridad habría que encontrar un sistema para que la toma de decisiones estuviera basada en una lógica objetiva y en la obtención de buenos resultados en cada área de interés, modificándose constantemente para mejorar cada día. Auguro que el avance tecnológico de las computadoras junto con el del campo de la Inteligencia Artificial, permitirá crear una herramienta analítica de la toma de decisiones humanas que tendrá gran peso sobre las mismas.

Idealmente, dentro de esa lógica, desaparecerían los partidos políticos como tales, y cualquier ciudadano podría votar a través de internet (o abstenerse) sobre cada cuestión que afecte al país. Los datos de lo votado por todos los ciudadanos sería almacenado en una base de datos, asociando a cada ciudadano un identificador único que mantendría en secreto para asegurar su anonimato. Un complejo algoritmo analizaría y ponderaría el peso de cada voto en función del grado de beneficio o perjuicio que se atribuyera a votos anteriores de ese mismo votante y en ese mismo campo de conocimiento; es decir, que un programa inteligente sería capaz de detectar quién sabe qué es beneficioso para el país en determinado tema, de modo que el peso del voto en una cuestión económica tendería a ser mayor cuanto mayor fuera el conocimiento de economía del votante, que estaría segregado de todos los demás temas objeto de votación. Como la economía es un campo muy amplio, posiblemente ponderaría el voto en función de algo más concreto, como por ejemplo, sobre la pertinencia de comprar deuda de un país extranjero.

Aunque todo esto puede sonar a despotismo ilustrado, en el fondo es un sistema de toma de decisiones más libre que el de delegarlas en un pequeño grupo de mediocres. Yo querría que el voto de Einstein tuviera infinitamente más valor que el mío a la hora de decidir en qué proyectos de Investigación y Desarrollo invertir, encontrémoslo.

Al respecto de los algoritmos que podrían determinar quién es experto en qué temas, ya existe algo parecido. Hay una página web que está destinada a tratar de adivinar el futuro; no, no se trata de algo esotérico, sino meramente estadístico. Los usuarios plantean preguntas sobre algo que se resuelva en un futuro inmediato, los usuarios que quieran pueden prognosticar un resultado en función de su conocimiento. Cuando se sabe el resultado a la pregunta, se ve quién acierta en qué temas y quién no, y con qué porcentaje de acierto, lo que puede servir para encontrar expertos.

Para concluir, unas reflexiones estratégicas sobre la paradoja del duelo a tres:

Si entras en conflicto con un contendiente superior a ti, en lugar de enfrentarte a él, busca a un tercero que pueda resultar más amenazador para tener más probabilidades de éxito. Busca también otra clase de apoyos que aumente tus posibilidades.

No tienes por qué ser el más débil para obtener ventaja en una situación de duelo a tres; basta con aparentarlo.

Que te crean fuerte cuando eres débil, que te crean débil cuando eres fuerte;
el engaño es la clave para una victoria fácil
– Sun Tzu, “El arte de la guerra”

3 abril 2008

Divagaciones sobre el altruismo recíproco y la moral

Hace algunos años vi una entrevista a Robert L. Trivers, en Redes, el programa de La 2 presentado por Eduard Punset. Trataba de temas relacionados con la cooperación, el dilema del prisionero, el altruismo recíproco… y sobre el debate abierto existente hoy día en la comunidad científica acerca de si ciertas formas de cooperación pueden ir en contra del darwinismo.

El altruismo, entendido desde una perspectiva biológica, tiende a mejorar las posibilidades de supervivencia de la especie que la practica; aunque el individuo que realiza el acto altruista no reciba una recompensa de forma inmediata, puede recibirla en un futuro en caso de encontrarse en tal necesidad. Por ello, actuar de forma altruista conlleva cierto egoísmo, no es una generosidad desinteresada.

Existen ejemplos de esta clase de cooperación en la naturaleza; una especie de murciélago, el desmodus rotundus, conocido también como murciélago vampiro por alimentarse de sangre, alimenta de forma altruista a otros miembros de su misma colonia que han tenido menos suerte en la cacería nocturna, supurando de sus fauces parte de la sangre que él ha conseguido. Siendo ese el comportamiento de todos los individuos de la colonia, el acto en apariencia altruista es en realidad un “hoy por ti, mañana por mí”; es decir, subyace un interés egoísta. No es de extrañar que esta forma de compartir alimento tenga mucho que ver en la transmisión de la rabia.

Así pues, no resultaría difícil extrapolar al mundo humano la idea de que, tras sus actos de aparente bondad, pueda subyacer un interés egoísta. Esta idea rondó mi cabeza durante bastante tiempo, encontrando ejemplos de “caridad” rentable y beneficiosa en diferentes aspectos, lo que me generó cierto desencanto y dudas morales acerca de “si era bueno hacer el bien”, dicho así, con cierto recochineo. Es decir, si todo acto bueno desde el punto de vista moral de la cultura imperante estaba desprovisto de mérito, al recibir el dador algo a cambio, ¿cómo podía sentirme sino decepcionado después de la educación que se me ha inculcado?.

Pasado un tiempo, y dada mi afición a las frases célebres, encontré una que, de ser cierta, interpreto casi como la confirmación de que el altruismo siempre tiene una recompensa, aunque sea a un nivel ególatra, de exaltación del propio ego, de aumento de la consideración social, de sentirse con la conciencia tranquila o lo suficientemente poderoso como para permitirse esa concesión con alguien:

Todo acto de bondad es una demostración de poderío – Miguel de Unamuno

Considero que es una frase llena de verdad, en tanto en cuanto el bien que se procura al otro supone un sacrificio personal en mayor o menor grado, y estar en disposición de poder dar implica ser más poderoso. Por tanto, aún hube de andar desencantado por un tiempo entre esta clase de pensamientos. Pero un buen día topé con otra frase que dio vuelta a la tortilla:

Aceptar un favor de un amigo es hacerle otro. – John Churton Collins

Esta genial frase fue el punto de inflexión en el que perdí finalmente el desencanto por los actos buenos; me hizo pensar en que, si hacer un favor tiene algo de egoísmo, aceptar un favor tiene algo de altruista, y si se acepta un favor a sabiendas de que estás haciendo bien al otro y viceversa, se produce un bucle infinito en el que altruista y egoísta se pasan la patata caliente al punto de no saber quién hace más por quién. Si nos ponemos matemáticos diríamos que hacen lo mismo, pues ambos obtienen infinitas partes de altruismo y de egoísmo, aunque eso implicaría algo tan imposible como que ambos fueran conscientes de los infinitos niveles de cambio de roles entre ambos. Soy consciente de que esto ya se me va fuera de las manos, pero con haber hecho pensar al lector al menos un poquito, me conformo. Por supuesto, no trato de demostrar nada de lo aquí dicho ni he dado argumento sólido alguno, y soy yo mismo quien lo tilda de falaz.

¡Hasta mis siguientes divagaciones!

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