Lógica absurda

3 abril 2008

Divagaciones sobre el altruismo recíproco y la moral

Hace algunos años vi una entrevista a Robert L. Trivers, en Redes, el programa de La 2 presentado por Eduard Punset. Trataba de temas relacionados con la cooperación, el dilema del prisionero, el altruismo recíproco… y sobre el debate abierto existente hoy día en la comunidad científica acerca de si ciertas formas de cooperación pueden ir en contra del darwinismo.

El altruismo, entendido desde una perspectiva biológica, tiende a mejorar las posibilidades de supervivencia de la especie que la practica; aunque el individuo que realiza el acto altruista no reciba una recompensa de forma inmediata, puede recibirla en un futuro en caso de encontrarse en tal necesidad. Por ello, actuar de forma altruista conlleva cierto egoísmo, no es una generosidad desinteresada.

Existen ejemplos de esta clase de cooperación en la naturaleza; una especie de murciélago, el desmodus rotundus, conocido también como murciélago vampiro por alimentarse de sangre, alimenta de forma altruista a otros miembros de su misma colonia que han tenido menos suerte en la cacería nocturna, supurando de sus fauces parte de la sangre que él ha conseguido. Siendo ese el comportamiento de todos los individuos de la colonia, el acto en apariencia altruista es en realidad un “hoy por ti, mañana por mí”; es decir, subyace un interés egoísta. No es de extrañar que esta forma de compartir alimento tenga mucho que ver en la transmisión de la rabia.

Así pues, no resultaría difícil extrapolar al mundo humano la idea de que, tras sus actos de aparente bondad, pueda subyacer un interés egoísta. Esta idea rondó mi cabeza durante bastante tiempo, encontrando ejemplos de “caridad” rentable y beneficiosa en diferentes aspectos, lo que me generó cierto desencanto y dudas morales acerca de “si era bueno hacer el bien”, dicho así, con cierto recochineo. Es decir, si todo acto bueno desde el punto de vista moral de la cultura imperante estaba desprovisto de mérito, al recibir el dador algo a cambio, ¿cómo podía sentirme sino decepcionado después de la educación que se me ha inculcado?.

Pasado un tiempo, y dada mi afición a las frases célebres, encontré una que, de ser cierta, interpreto casi como la confirmación de que el altruismo siempre tiene una recompensa, aunque sea a un nivel ególatra, de exaltación del propio ego, de aumento de la consideración social, de sentirse con la conciencia tranquila o lo suficientemente poderoso como para permitirse esa concesión con alguien:

Todo acto de bondad es una demostración de poderío – Miguel de Unamuno

Considero que es una frase llena de verdad, en tanto en cuanto el bien que se procura al otro supone un sacrificio personal en mayor o menor grado, y estar en disposición de poder dar implica ser más poderoso. Por tanto, aún hube de andar desencantado por un tiempo entre esta clase de pensamientos. Pero un buen día topé con otra frase que dio vuelta a la tortilla:

Aceptar un favor de un amigo es hacerle otro. – John Churton Collins

Esta genial frase fue el punto de inflexión en el que perdí finalmente el desencanto por los actos buenos; me hizo pensar en que, si hacer un favor tiene algo de egoísmo, aceptar un favor tiene algo de altruista, y si se acepta un favor a sabiendas de que estás haciendo bien al otro y viceversa, se produce un bucle infinito en el que altruista y egoísta se pasan la patata caliente al punto de no saber quién hace más por quién. Si nos ponemos matemáticos diríamos que hacen lo mismo, pues ambos obtienen infinitas partes de altruismo y de egoísmo, aunque eso implicaría algo tan imposible como que ambos fueran conscientes de los infinitos niveles de cambio de roles entre ambos. Soy consciente de que esto ya se me va fuera de las manos, pero con haber hecho pensar al lector al menos un poquito, me conformo. Por supuesto, no trato de demostrar nada de lo aquí dicho ni he dado argumento sólido alguno, y soy yo mismo quien lo tilda de falaz.

¡Hasta mis siguientes divagaciones!

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4 comentarios »

  1. Leer tu texto me ha recordado un capítulo de Friends en el que Phoebe buscaba desesperadamente buenas acciones que no le reportaran un beneficio personal. No recuerdo cómo terminaba, pero sé que le resultaba casi imposible. Y es que ayudar a los demás siempre nos hace sentir bien por ese poderío al que se refería Unamuno. Yo andaba perdida en esta idea al igual que tú, preguntándome si realmente somos seres tan egoístas que desprendemos este sentimiento incluso en las acciones pretendidamente generosas. Pero creo que has encontrado una de las claves para descartar, al menos parcialmente, esa visión tan negativa. Y te lo agradezco :)

    Comentario por laudrey — 8 abril 2008 @ 1:22 pm | Responder

  2. Gracias a ti por poner el primer comentario en mi blog. Hoy precisamente he encontrado un debate sobre si existen realmente acciones con fines altruistas; no está abordado con mucha seriedad, pero merece la pena echarle una ojeada.

    Comentario por evandrus — 25 abril 2008 @ 8:01 pm | Responder

  3. Pensando más sobre ello, me parece que he cometido el error de aceptar la creencia de que hacer algo bueno por uno mismo es malo. Creo que esa clase de pensamiento está relacionado con la religión católica y que es algo de lo que debemos desprendernos. Si haces algo bueno por alguien y, además, repercute en que sea bueno para ti, entonces haces algo bueno por dos personas.

    Comentario por evandrus — 26 abril 2008 @ 1:26 pm | Responder

  4. [...] cuando se rebasan los límites del parentesco el altruismo sólo es adaptativo en el caso de ser recíproco (que no es un problema exclusivo de nuestra especie): yo te doy porque tú me darás. Eso significa [...]

    Pingback por ¿Es adaptativa la religión? | filoblog.com — 10 abril 2009 @ 11:01 am | Responder


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